La angiogénesis es la formación de vasos sanguíneos a partir de otros ya existentes. Es un proceso normal y necesario: sin riego, un tejido dañado no se repara.
Es el mecanismo central que se propone para explicar los efectos del BPC-157 sobre tendón, músculo e intestino, y también aparece atribuido al TB-500 y al GHK-Cu.
Aquí está la parte que conviene entender. La angiogénesis es exactamente el mismo proceso que un tumor necesita para crecer más allá de unos pocos milímetros: sin vasos propios no puede alimentarse ni expandirse. De hecho, es una diana terapéutica establecida en oncología, y varios fármacos antitumorales funcionan precisamente inhibiéndola.
Eso plantea una duda razonable y no resuelta sobre los compuestos que la promueven de forma sistémica. No hay evidencia de que el BPC-157 cause cáncer; tampoco estudios que descarten ese riesgo en alguien con un tumor no diagnosticado.
No es alarmismo ni es motivo para descartar nada por sí solo: es una pregunta legítima que ningún estudio ha respondido, y que conviene tener presente sobre todo con antecedentes oncológicos.