La lipohipertrofia es una acumulación anómala de tejido graso y fibroso en las zonas donde se inyecta una y otra vez: se percibe como un bulto blando o una zona engrosada y menos sensible. Es un fenómeno documentado durante décadas en personas que usan insulina, y aplica igual a cualquier compuesto de administración subcutánea repetida.
El problema no es solo estético. El tejido lipohipertrófico está mal vascularizado, así que la absorción desde esa zona se vuelve más lenta y, sobre todo, impredecible: la misma dosis puede comportarse distinto según caiga en tejido sano o dañado. En estudios con insulina, la lipohipertrofia es una causa clásica de variabilidad glucémica inexplicada.
La prevención es simple y es la razón de una regla que aparece en cualquier guía de inyección: rotar los sitios. Separar cada aplicación al menos 1–2 cm de la anterior, recorrer la zona en un patrón ordenado y no volver al mismo punto exacto durante un par de semanas. La zona ya engrosada se deja descansar semanas o meses; el tejido suele recuperarse solo.