Cuando el páncreas libera insulina, libera también amilina. Su función es de freno: enlentece el vaciamiento del estómago, suprime la secreción de glucagón después de comer y envía una señal de saciedad al área postrema, una región del tronco encefálico implicada en el control de la ingesta.
Lo relevante es que esa vía es independiente de la del GLP-1, que actúa sobre todo en el hipotálamo. Dos señales de saciedad que no compiten entre sí, y por tanto se suman.
Ya existía un análogo de amilina aprobado, la pramlintida, pero requería inyecciones con cada comida y su efecto sobre el peso era modesto. La cagrilintida resolvió el problema práctico: es de aplicación semanal.
El producto que llegó a fase 3 es CagriSema, una combinación de dosis fija de cagrilintida con semaglutida en una única inyección semanal. En el ensayo REDEFINE 1 produjo un 20,4 % de pérdida media de peso a las 68 semanas, cifra comparable a la de la tirzepatida.
Su solicitud de aprobación se presentó a la FDA en diciembre de 2025.