El GLP-1 es una hormona que el intestino libera al comer. Hace tres cosas: estimula la secreción de insulina cuando hay glucosa alta, enlentece el vaciamiento del estómago y actúa sobre los centros del apetito del hipotálamo.
Un agonista de GLP-1 es una molécula sintética que se une al mismo receptor y reproduce esas acciones. La dificultad técnica que hubo que resolver es que el GLP-1 natural dura minutos: una enzima llamada DPP-4 lo degrada casi de inmediato. Los análogos están modificados para resistir esa degradación, lo que permitió pasar de minutos a días o semanas de duración.
El efecto sobre el apetito es el que explica su impacto en el peso, y quienes los usan lo describen de forma consistente: desaparece el pensamiento constante alrededor de la comida.
Es la única familia de péptidos con fármacos aprobados para obesidad y con ensayos de decenas de miles de participantes. La semaglutida alcanzó un 14,9 % de pérdida media de peso en STEP 1; la tirzepatida, que suma el receptor GIP, llegó al 20,9 %.
Esa base de evidencia crea un contraste útil: cuando existen péptidos con ensayos de fase 3, se vuelve fácil ver cuánto respaldo real tienen los demás.