La mesoterapia consiste en aplicar múltiples microinyecciones superficiales de mezclas que varían según la clínica: vitaminas, minerales, ácido hialurónico, enzimas como la desoxicolato, extractos vegetales y, cada vez más, péptidos con nombre comercial. Se ofrece en tres frentes: facial (luminosidad, «revitalización»), capilar (caída del cabello) y corporal (la promesa «quemagrasa» localizada).
El problema central es que el término describe la técnica de aplicación, no un tratamiento concreto: cada cóctel es distinto, casi ninguno tiene ensayos controlados, y los resultados publicados serios son escasos y pequeños. La excepción parcial es la mesoterapia capilar con fármacos que sí tienen evidencia por otras vías (minoxidil, dutasterida), donde existen estudios preliminares razonables. La versión corporal es la más floja: la lipólisis localizada por cóctel inyectado no ha demostrado eficacia, y las agencias regulatorias han advertido repetidamente sobre productos inyectables adelgazantes sin aprobación.
Para este sitio el término importa porque es la puerta por la que los péptidos entran al mostrador de la estética —«péptidos capilares inyectables», glutatión intravenoso, GHK-Cu en microinyecciones— casi siempre sin la evidencia que la versión tópica o el fármaco aprobado sí tienen. La regla práctica: pasar un compuesto de la crema a la aguja multiplica los riesgos, no los resultados, y un procedimiento inyectable serio se distingue porque puede nombrar qué contiene, en qué dosis y con qué estudios.