Es la fórmula que sostiene todo el mercado gris de péptidos, y conviene entender exactamente qué significa.
Un compuesto etiquetado "solo para investigación" no es un producto farmacéutico defectuoso: es un producto que legalmente no es un medicamento. La etiqueta existe precisamente porque no puede venderse para consumo humano, y ponerla permite al vendedor operar fuera del marco regulatorio de los fármacos.
Las consecuencias prácticas son tres, y ninguna es menor:
- No hay verificación de identidad ni de dosis. Nadie garantiza que el vial contenga la molécula que dice la etiqueta ni en la cantidad declarada. Los análisis independientes del mercado gris han encontrado viales con menos principio activo del declarado, impurezas y productos distintos del anunciado.
- No hay garantía de esterilidad. En un producto destinado a inyección, esto es lo más serio.
- No hay ficha técnica. Sin ella no hay dosis validada, ni contraindicaciones formalizadas, ni interacciones documentadas, ni farmacovigilancia.
Un certificado de análisis emitido por el propio vendedor no resuelve nada de esto: es un documento de la parte interesada. Lo que aporta información real es un certificado de un laboratorio independiente, del lote concreto que se compra, con identidad confirmada por espectrometría de masas y pureza por HPLC.