La HPLC (cromatografía líquida de alta resolución, por sus siglas en inglés) separa los componentes de una muestra haciéndola pasar a presión por una columna: cada molécula sale en un momento distinto según su afinidad química, y el detector convierte esas salidas en picos. En un péptido, el pico principal es el compuesto y los picos menores son impurezas de síntesis —cadenas incompletas, variantes mal plegadas, restos de reactivos—.
De ahí sale el número que todos los vendedores citan: una pureza del 98 % por HPLC significa que el 98 % del material detectado corresponde al péptido principal.
Lo que la HPLC no dice es igual de importante:
- No confirma la identidad. Un pico limpio demuestra que hay una sustancia predominante, no cuál es. Para eso se necesita espectrometría de masas.
- No mide la cantidad del vial. Un vial con 6 mg en lugar de los 10 prometidos puede dar 99 % de pureza sin mentir.
- No detecta contaminación microbiológica ni endotoxinas.
Por eso un certificado de análisis serio combina HPLC con espectrometría de masas y ensayo de endotoxinas: cada técnica responde una pregunta distinta, y la pureza sola es la respuesta a la menos importante de las tres.