Un secretagogo no aporta la hormona: le pide al organismo que la produzca. Aplicado a la hormona de crecimiento, la diferencia con inyectar hormona sintética es conceptual y tiene consecuencias.
La hormona de crecimiento recombinante inunda el organismo con un nivel constante y desactiva los mecanismos de retroalimentación. Un secretagogo estimula la producción propia, y en principio respeta el patrón pulsátil natural y los frenos que el cuerpo tiene para no pasarse.
Hay dos familias, y actúan sobre receptores distintos:
- Análogos de GHRH: imitan la señal que el hipotálamo envía a la hipófisis. Aquí están la sermorelina, el CJC-1295 y la tesamorelina.
- Miméticos de grelina (GHRP): imitan a la grelina y actúan sobre el receptor GHS-R1a. Aquí están la ipamorelina, el GHRP-2, el GHRP-6 y la hexarelina.
Combinar uno de cada familia produce un pulso mayor que la suma de ambos por separado, y es la razón por la que casi siempre se usan en pareja.
El matiz que conviene retener: de todos ellos, solo la tesamorelina completó ensayos de fase 3 y está aprobada. En el resto está demostrado que elevan la hormona de crecimiento, pero ningún ensayo midió si eso se traduce en músculo, grasa o recuperación.