Grelina

La hormona del hambre. Además de estimular el apetito, dispara la liberación de hormona de crecimiento, y es la vía que imitan la ipamorelina y los GHRP.

La grelina se produce sobre todo en el estómago y sube antes de las comidas. Es la señal de hambre por excelencia, y su receptor se llama GHS-R1a.

Ese receptor hace algo más que abrir el apetito: en la hipófisis dispara un pulso de hormona de crecimiento. De ahí que exista una familia entera de compuestos que lo activan buscando ese segundo efecto.

El problema de diseño es evidente: cómo quedarse con el pulso de hormona de crecimiento sin el hambre. La familia de los GHRP cuenta esa historia:

  • El GHRP-6 fue el primero y es el que peor resuelve el problema: produce un hambre intensa y difícil de ignorar, y además eleva cortisol y prolactina.
  • El GHRP-2 mejora ambas cosas, con más potencia por miligramo.
  • La ipamorelina es la solución: eleva GH e IGF-1 sin mover apenas cortisol, prolactina ni apetito. Por eso desplazó a los anteriores.
  • La hexarelina es la más potente y la que peor envejece: desensibiliza el receptor en días o pocas semanas.

Un compuesto que activa este receptor de forma sostenida se enfrenta siempre al mismo límite fisiológico: el organismo tiene mecanismos para impedir que una señal quede encendida indefinidamente.

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