La liofilización es un proceso de secado: se congela el producto y después se baja la presión para que el hielo pase directamente a vapor sin pasar por líquido. El resultado es un polvo o una torta blanca que conserva la estructura de la molécula.
Se hace porque el agua es el enemigo de la estabilidad. Un péptido en solución se degrada en semanas incluso refrigerado; liofilizado y sellado puede conservarse meses o años.
Qué esperar al abrir un vial: una cantidad de polvo sorprendentemente pequeña. Cinco miligramos de péptido son casi invisibles al fondo del vial, y es normal. También es normal encontrar la torta pegada a la pared lateral o al tapón, porque el vial se movió durante el transporte; no significa que el producto esté mal.
Lo que sí es señal de problema: un polvo amarillento, marrón o con grumos húmedos sugiere degradación o exposición a humedad.
Antes de usarlo hay que reconstituirlo, es decir, añadirle un líquido estéril —normalmente agua bacteriostática— para devolverlo a solución. Ese paso es donde se define la concentración, y por tanto donde ocurren la mayoría de los errores de dosificación.