Reconstituir es disolver el polvo liofilizado en un líquido estéril, normalmente agua bacteriostática. Es el paso que convierte un vial en algo inyectable, y también donde se decide la concentración.
La aritmética es sencilla y conviene tenerla clara: concentración = miligramos del vial ÷ mililitros añadidos. Un vial de 5 mg con 2 ml de agua queda a 2,5 mg/ml. El mismo vial con 1 ml queda a 5 mg/ml, el doble de concentrado, y por tanto cada marca de la jeringa contiene el doble de producto.
Ese es el origen de la mayoría de los errores de dosificación en este mundo: no equivocarse en la cuenta, sino asumir que "0,1 ml" significa siempre lo mismo. No significa nada sin saber cómo se reconstituyó el vial.
La técnica importa tanto como el número. El agua se inyecta lentamente por la pared del vial, dejándola escurrir, nunca directamente a chorro sobre el polvo. Después se deja reposar unos minutos y se gira con suavidad; no se agita, porque la agitación puede desnaturalizar el péptido.
Una vez reconstituido, el vial va a la nevera y su estabilidad pasa a contarse en semanas, no en meses.