La timosina alfa-1 es la anomalía interesante de todo este mundo: está aprobada y comercializada en más de treinta países —incluyendo varios de América Latina— para hepatitis B y C crónicas y como adyuvante de vacunación, pero nunca obtuvo aprobación de la FDA para ninguna indicación.
Esa asimetría regulatoria explica por qué aparece simultáneamente en literatura clínica seria y en catálogos de mercado gris. No son el mismo producto ni el mismo control de calidad, aunque la molécula sea la misma.
El KPV y el LL-37 están mucho más atrás. El KPV, un tripéptido derivado de la alfa-MSH, fue uno de los seis que el comité asesor de la FDA respaldó en julio de 2026 para preparación magistral, sobre todo por su interés en inflamación intestinal.