Casi todo lo que se vende para ganar masa muscular en este mundo funciona por la misma vía: subir la hormona de crecimiento propia en lugar de inyectar hormona de crecimiento sintética. Los secretagogos —ipamorelina, CJC-1295, sermorelina, GHRP-2 y GHRP-6— hacen exactamente eso, y lo hacen de forma medible: elevan IGF-1 y GH en sangre.
La pregunta que casi nadie responde es la siguiente: ¿esa elevación se traduce en músculo y fuerza en personas sanas? Ahí la evidencia se vuelve mucho más delgada de lo que sugiere el marketing. Existe un caso claro —la tesamorelina, aprobada por la FDA, con ensayos de fase 3— y a partir de ahí la calidad de los datos cae rápido.
Un detalle que conviene tener claro antes de seguir: la categoría S2 de la Agencia Mundial Antidopaje prohíbe prácticamente todos estos compuestos, dentro y fuera de competencia. Si compites federado, esto no es un tema abierto.