La longevidad es donde el marketing de péptidos es más agresivo y donde la evidencia es, con una excepción, más frágil. La razón es estructural: demostrar que algo alarga la vida en personas requiere décadas de seguimiento, y nadie ha hecho ese estudio con ningún péptido.
La excepción vale la pena mirarla de cerca. La elamipretida —conocida durante años como SS-31 en los foros— recibió aprobación acelerada de la FDA en septiembre de 2025 para el síndrome de Barth. Es el primer fármaco dirigido específicamente a la mitocondria que llega a aprobación, y demuestra que este campo puede producir medicina real cuando se somete al proceso completo.
El resto de la categoría vive en otro registro. El epitalón, por ejemplo, se apoya casi por completo en el trabajo de un único grupo de investigación ruso, sin replicación independiente ni ensayos registrados. Eso no lo vuelve falso; lo vuelve no demostrado, que es distinto.