Es la comparación entre dos generaciones de la misma idea. Ambas son análogos de GLP-1 y actúan por el mismo mecanismo: saciedad central, vaciamiento gástrico enlentecido y secreción de insulina dependiente de glucosa.
Lo que las separa es la farmacocinética
La liraglutida tiene una vida media de unas 13 horas. La semaglutida, de aproximadamente una semana.
Esa distancia, que suena a detalle técnico, se traduce en lo más concreto posible para quien la usa: una inyección diaria frente a una semanal. En los ensayos clínicos la diferencia de adherencia se disimula porque hay seguimiento estrecho. En la vida real pesa mucho.
Las cifras
| | Pérdida media de peso |
|---|---|
| Semaglutida 2,4 mg (STEP 1, 68 semanas) | 14,9 % |
| Liraglutida 3 mg (SCALE, 56 semanas) | ~8 % |
Casi el doble. El 8 % de la liraglutida es un resultado real y clínicamente útil —los fármacos anteriores rara vez superaban el 5 %—, pero cuando hay tres opciones aprobadas la jerarquía importa.
Dónde la liraglutida conserva su sitio
El precio. Su patente expiró y existen genéricos. En varios mercados latinoamericanos la diferencia de coste mensual frente a la semaglutida de marca es sustancial, y para un tratamiento crónico eso decide más que seis puntos porcentuales.
Los adolescentes. Tiene indicación aprobada para obesidad desde los 12 años, un terreno donde las alternativas farmacológicas escasean y donde la trayectoria larga del fármaco pesa a favor.
Lo que comparten
El perfil de efectos adversos es el mismo —náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, peores durante el escalado— y también la contraindicación absoluta en personas con antecedente personal o familiar de carcinoma medular de tiroides o síndrome MEN2.
Un detalle práctico de la liraglutida: al inyectarse a diario, la rotación de sitios de punción importa más que con los fármacos semanales, para evitar lipohipertrofia.
Ninguna de las dos está prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje.