La biodisponibilidad mide qué proporción de una dosis llega efectivamente a la sangre en forma activa. Por definición, la vía intravenosa es del 100 %.
Para los péptidos, la vía oral es un desastre. El estómago y el intestino están llenos de proteasas cuyo trabajo es romper enlaces peptídicos para digerir las proteínas de la comida, y no distinguen entre un filete y un péptido terapéutico. A eso se suma el paso por el hígado antes de llegar a la circulación general.
El resultado típico es una biodisponibilidad oral por debajo del 1 %, que es la razón por la que casi todo en este mundo se inyecta.
Las excepciones son instructivas:
- La semaglutida oral funciona gracias a un potenciador de absorción que la protege localmente en el estómago. Aun así su absorción es baja y muy sensible a los alimentos: exige tomarse en ayunas, con poca agua, y esperar antes de comer.
- El KPV conserva actividad oral por su tamaño mínimo de tres aminoácidos y porque el transportador PepT1 lo lleva activamente a través del epitelio.
- Los péptidos de colágeno funcionan precisamente porque se digieren: los fragmentos que sobreviven son la señal.
La vía subcutánea ronda biodisponibilidades altas y es el estándar. La nasal, usada en semax y selank, busca acceso más directo al sistema nervioso central.